El pasado 22 de febrero, la alcaldesa de la tercera capital de España se quedó en blanco en un discurso. Al parecer, tenía un discurso tan trabajado que al quedarse “en blanco fue produciendo una espiral de quedarse en blanco” (sic).

Vamos, que se quedó en blanco.

Al día siguiente, en un episodio inédito en sus veinticuatro años de alcaldía, pidió disculpas

Pero este episodio de responsabilidad, de contrición, de humanidad al fin y al cabo, duró lo que tarda una falla de poliestireno expandido en arder.

Y como en Valencia Godwin es catalufo, la culpa (también de esto) la tienen los catalanes.

Y un poco los comunistas

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