Recuerdo que hace muchos años antena3 entrevistó a Jesulín de Ubrique. Eran los tiempos en que estaba arruinado y, en un Ambiciones cutre en el que sólo quedaba Currupipi, recordaba su nada brillante carrera taurina y su aventura musical. Cuando el entrevistador le pidió una reflexión final, consciente de lo triste que le estaba quedando el relato y de lo casi sórdido que resultaba verle escuchar su cd en un reproductor del pryca, a modo de resumen vital, dijo:

Durante un tiempo fui alguien a quien había que dar de comer aparte.

No toreaba bien, no cantaba mejor, pero era famoso i prou.

Jesulín fue pionero de un modo de vida que hoy en día es más que mainstream. Empezó por alimentarlo la tele y hoy la tele se alimenta de él: ser famoso por no hacer nada, no hacer nada y ser famoso.

Me preocupa poco que esta manera mediocre de moverse por la vida se imponga en televisión, lo que de verdad me jode es que una versión mucho más jevi de esta indolencia se haya impuesto en el panorama político como código de conducta.

No voy a mencionar a nadie en concreto, porque eso supondría destacar algo en algo, y ni si eso ocurre; observen consejeros, ministros, presidentes, diputados… en su quehacer diario: se supone que están donde están para llevar a cabo un programa de gobierno, cumplir unos objetivos,… Y, si fuera posible, que programa, objetivos y resultados formaran parte de un mismo plan armonioso. Pero no, tenemos una (gran) panda  reunión de políticos dedicados a anunciar cada mañana datos aislados como quien lee los posos del café. Da igual que los datos dejen escaso margen a la interpretación o que directamente sean las trompetas del apocalipsis, el grupo se reúne cada mañana a repetir un mantra, #saldremos, antología del troleo en ambas direcciones.

Sirva como ejemplo el 11 de septiembre, el día que Fabra vaticinó que en la Comunitat Valenciana no se celebraría nada, y vaya si acertó: ese día descubrimos que pese a haber recibido 10.835.000.000 €, el Consell acumulaba 5.000.000.000 € de impagados. Ese día, buscando en un conseller al azar algo de luz, una explicación, una esperanza, ALGO… descubrimos:

Ole tú. Para darles de comer aparte. Y a qué precio.

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