*antes de nada quiero disculparme porque odio los posts largos. Trataré de explicarme rapidito. Amén.

Esta penosa historia empieza un día de junio en el que mi iphone 4s cae al suelo sin la funda adecuada y se le rompe la pantalla en pedacitos. Los usuarios del (maldito) Iphone ya hemos asumido que es un móvil que debe ir SIEMPRE con funda, y además buena, pero en fin, eso sería material para otro post. Resignada a repararlo y consciente de que tendría que pagar, reservé cita en la muy ilustre Apple Store de Valencia City, donde me explicaron que por el precio de la pantalla me daban un nuevo terminal, bla bla bla… 199 € IVA incluido.

Volví a mi hogar con mi terminal nuevo y empezaron los problemas. No es que me falle el pulmón de acero, es cierto, pero el (maldito) iphone no se conectaba al wifi y se desconectaba solo. Muchos entenderéis la enorme frustración que representaba ver aparecer y desaparecer la peineta del extremo izquierdo del móvil. A otros os la sopla. Normal.

El caso es que tras muchos días de reconfigurar la wifi, restaurar el móvil,… Decidí que por mucha pereza que me diera, tenía que volver al Apple Store. Abrí la APP correspondiente y descubrí que los miércoles tenía como mucho cita para el lunes siguiente, y así eran todos los intervalos. También descubrí que nunca se cancelaba ninguna cita, ES UN SISTEMA MÁGICO EN EL QUE NUNCA NADIE CANCELA CITAS NI HAY HUECOS DE ÚLTIMA HORA. Alabado sea Apple.

Preparé todos los detalles de mi tediosa y analógica vida para estar en Apple Store a las 12:10… y llegué tarde… Cuando entré en la pulcra y luminosa tienda de la Calle Colón ya eran las 12:20. Subí a hablar con “el chico del ipad verde” y al decirle mi nombre miró la pantalla y me dijo “no está tu nombre, si has llegado diez minutos tarde se habrá cancelado” y se dio media vuelta y se fue. Paleta de mí, intoxicada por años de comprar en establecimientos anticuados, pensé que el chico se había largado a buscarme otra cita, pero no… Mientras esperaba, otra señora llegaba también tarde y a ella sí que le explicaron que la cita estaba cancelada por haber transcurrido 10 minutos y que podían darle la hora de… ¡LAS 19:30!. La señora, que llevaba la pantalla hecha un puré, preguntó si de verdad tenía que esperar siete horas para que la atendieran, y el chico del Ipad verde le aclaró: “no, puede Ud. ir a casa y volver a las siete y media.” 😮

Cuando en ese momento descubrí que nadie me iba a atender, que había perdido la mañana y que me volvía a l’Eliana con mi móvil consume-datos enloquecido, pedí la hoja de reclamaciones, la de papel, la de toda la vida. El encargado me atendió de manera exquisita, quedándome claro que:

  • Debía estar agradecida porque Apple me cambia el terminal entero por el precio de una pantalla.
  • Debía estar agradecida porque me lo daba en el mismo momento, sin  tener que esperar.
  • Y que, aunque es cierto que en ningún sitio del mail de confirmación de reserva, ni en la app de apple store aparece la norma ABSURDA de que si te retrasas 10 minutos se cancela la cita irremediablemente, yo debería haber entrado en apple.com, ahí en store, después en genius bar, y en genius bar, ABAJO DEL TODO, haber abierto “condiciones de uso” para conocer la famosa regla de los 10 minutitos.

Este amabilísimo chico me descubrió una nueva categoría de dependiente: yo conocía (aparte de los exquisitos) el prepotente, el negligente,… pero este era un CREYENTE, un feligrés de la manzana que se negaba admitir la más mínima mácula en el sistema de atención al cliente de Apple, en la web y si me apuran ¡en el móvil mismo!. Todo son cosas que debemos asumir por el extraordinario privilegio de utilizar productos apple, eso es lo que se respira en Apple Store.

Comprendo que alguien pueda llegar a pensar que trabajando (o visitando) el Apple Store Valencia se teletransporta al SoHo neoyorquino, y se sienta Carrie Bradshaw llevando a arreglar su macbook, y que, en esa atmósfera de cosmopolitismo y sofisticación, piense cuando le dicen que para arreglar el móvil tiene que volver a pedir cita y regresar a las siete horas, “¡QUÉ IMPORTA!, APROVECHARÉ PARA PASEAR CON UN TÉ HELADO DE STARBUCKS”… Pero yo no: vivo atrapada en mi visión paleta de la vida, confiando en que cuando me venden un móvil malo me deben atender de la manera menos gravosa para el cliente. Y por eso me fui amargada a por mi coche, pagando 2’45 € de parking por no haber conseguido nada, y con ganas de coger mi macbook air, el ipad, el ipod y las madre que los parió y mandarlos a Cupertino.

Y mientras lamento haber incumplido las severas leyes del usuario de Apple

, comprobaré si Apple cumple las nada severas leyes españolas.

¡Actualización!

Ayer lunes volví a apple store con mi nueva cita. Llegué con 15 minutos de antelación (o lo que yo llamo impuntualidad inversa) y el chico del ipad verde me atendió enseguida. Desde mi taburete pude ver cómo el chico del ipad verde se desvivía por buscar nueva cita a los que se les había cancelado, incluso tratando de encajar los huecos… fue un poco como mi propio show de truman; todo lo que el otro día funcionaba mal, ayer funcionó perfectamente. Muchas gracias a Jordi, que fue un encanto, y todos los que me han dado consejos, especialmente hacer uso de applecare para evitar desplazamientos. A los macmonguers que os habéis dirigido a mí como si fuera paco martínez soria en la ciudad no es para mí, os deseo muchas tarjetas de itunes, que supongo que es cómo os paga la compañía la defensa irracional de sus aspectos mejorables.

Trataré de utilizar los métodos de contacto con apple para que incluyan las advertencias sobre puntualidad en las confirmaciones de cita. Será mi particular nano granito de arena para que este mundo sea un lugar mejor donde consumir.

Fdo: Juana de Arco.

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