Cuentan las leyendas hospitalarias que algunas personas, cuando están cerca de la muerte, sufren una momentánea pero intensa recuperación, como si les fueran concedidos unos instantes de bienestar y lucidez para despedirse de los suyos. Lamentablemente, bien sea porque no son conscientes de su estado, bien porque ninguno estamos hechos para los momentos trascendentales, mucha gente dedica esa pausa del destino a decir “Oye pues me encuentro mejor” o “Dame un poco de agua”, destrozando toda posibilidad de despedida profunda.

Viendo este titular y desde el desprecio profundo que me merecen muchas de las decisiones del actual gobierno, pero muy especialmente la indigna reforma de la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo, lamento profundamente que mi partido, en estado grave, se escaquee de la UCI para echarse un pitillo.

Podrán ser los pactos sobre tótems sagrados como Bruselas o la Ley de Transparencia, pero la realidad es que nuestro interlocutor trabaja entre encuentro y encuentro para privar de su derecho a decidir a todas la españolas, condenándolas a más desigualdad y provocando que el azote de la crisis (que supongo que es lo que queremos atenuar con la oferta de pacto más global) lo vayan a sufrir de manera más cruda e injusta.

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