No he acudido a ninguna mascletà este año. No conozco a todos y cada uno de los que pitan en la Plaza del Ayuntamiento, como tampoco conocí nunca a los que todos los años gritaban “que bote la alcaldesa” y otras muestras de amor a Rita Barberá. Sin conocer a unos ni otros, ni los supuestos excesos que a título individual puedan haber llevado a cabo, de lo que no me cabe ninguna duda es de que los elogios y los insultos, los silbidos y los “Rita, bonica”, van dirigidos exclusivamente a la alcaldesa. En su condición de alcaldesa por antonomasia, de miembro del partido popular, en definitiva, de política. 

Pretender que los silbidos, las consignas o los reproches, van dirigidos a las falleras y su corte, sólo puede sostenerlo alguien que piense que todos los valencianos, falleros y no, somos idiotas. Más grave es que las falleras se hayan tenido que pronunciar en público y por escrito sobre los incidentes; es un gesto o muy precipitado o muy premeditado, que no persigue acabar con las protestas (seguramente conseguirá lo contrario) sino deslegitimarlas (a ver si después de fallas vuelve la calma a algunos despachos) pero que sin duda instrumentaliza una fiesta, que, en efecto, nada tiene que ver con el origen y naturaleza de las protestas.

Por lo que leo, entiendo que no se protesta contra las fallas, se protesta contra una manera de entender la política: la que representa la alcaldesa de Valencia. Ella, que ha sabido como nadie recolectar las mieles del ejercicio público de la labor política (en todas sus modalidades: paellas, mercados, pancartas en el pleno,…) debería mostrar más maestría y generosidad a la hora de digerir estas hieles.

Señora Barberá: no utilice a las falleras de parapeto; ellas viven unos días irrepetibles, y Ud. lleva muchísimos años en ese balcón para no poder gestionar de una manera más valiente unos silbidos.

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