Érase una Comunidad donde los lunes se manifestaban los médicos, el martes los farmacéuticos, el miércoles los empleados de las contratas, el jueves los maestros,… así todos los días.
Eran convocatorias modestas pero permanentes. Las protagonizaba gente normal, como tu madre, como la mía. La gente las veía a las puertas de las consellerias, mientras iba a trabajar, o volvía de no tener donde trabajar. Uno podía no estar de acuerdo con todas las reivindicaciones, pero era muy difícil no conectar con ninguna…¿de verdad podía pensar que los abogados de oficio no merecen cobrar?… ¿que es justo que no se pague a las entidades que atienden a drogodependientes?… Pues no. Estas concentraciones eran humildes, pacíficas, y salían poco en prensa. Pero eran bombas de empatía masiva.

Hay gente que opina que Valencia ha despertado, o incluso que es primavera. Yo no.

Yo creo que hoy alguien está más tranquilo. Ha conseguido hacer creer que no son padres y madres de familia, que no son empresarios, ni empleados públicos y privados los que se manifiestan. Parapetado en la anécdota, apelando a los prejuicios, ha conseguido hacer creer que la cosa no van con nosotros, son los otros. En cierto modo, ya han ganado.

 

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