Muy lejos de las oficinas de la Bolsa, de la sede del Banco Mundial, del Central Europeo… el otro día, el amigo de un amigo, renunciaba a comprarse una moto, para la que tenía el dinero ahorrado billete sobre billete, porque le daba vergüenza comprársela!. Se la podía permitir, y podía mantenerla, pero “con la que está cayendo, ¿qué pensaría la gente?”

Creo que a todos debería extrañarnos, no que a alguien que pierde el trabajo saque al niño de la guardería o a quien cobra la mitad que el año pasado no salga a cenar el fin de semana, sino que gente que tiene los mismos ingresos haya dejado de consumir de manera radical.
El “con la que está cayendo” es un mantra que se repite en los hogares que tienen todos sus miembros en paro, que lamentablemente son muchos, pero también en los que prácticamente siguen cobrando lo mismo, y también en los que (oh, horror) incluso les va mejor.

Es evidente que este sentimiento de vergüenza, esta parálisis consumista está afectando directa e indirectamente a los menos indicados (mientras caen las ventas de coches crecen las del segmento de coches de lujo). Los que seguimos cobrando lo mismo (aunque no sepamos por cuánto tiempo, eso es cierto) quizá hemos cambiado de manera muy drástica nuestros hábitos de consumo. Pienso que quizá no es preciso renunciar a todas las salidas, ni a comprar en determinados sitios, sobre todo porque estamos perjudicando a pequeños empresarios.

El pizzero, el vendedor de motos, los comercios al detalle, las agencias de viajes, … esperan nuestra llamada y nuestra visita; no sé a quién creemos estar ayudando dejando de consumir aquello que aún podemos permitirnos.

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