Hace dos años (o por ahí). Nuestra primera tarde de teatro la protagonizó Domingo Chinchilla. Creo que todos los que estuvimos ahí alucinamos; lo hemos recordado mucho tiempo como “el hombre que le hacía el amor a la tabla de planchar”.

El sábado, al calor de unos cuantos turs y brascadas, Domingo nos dijo que él era un tipo que contaba historias. Así de sencillo. Y es la receta perfecta, nos tuvo a todos una hora larga con la boca abierta y la risa puesta.

El sopar de conte funciona. Quizá no sea multitudinario, pero es un lujo, asequible, tener noches como la del sábado con artistas como Domingo.

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